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Sobreviviendo en el país de las misses…

April 18th, 2006 at
Me tome la libertad de recrear extractos de un artículo (que suscribo plenamente) escrito por la venezolana Marianela Lafuente sobre la discriminación de la mujer ante valores impuestos por la publicidad y el consumo. La publicidad y los medios de comunicación han construido ideales de belleza y de culto al cuerpo que se han instaurado como valores de éxito social. Poderosos intereses económicos se construyen alrededor de la moda, los productos de belleza y adelgazantes, la cirugía estética, etc., que tienen, en la mujer, su principal mercado. En Venezuela, aunque no existen datos precisos, el auge de la cirugía estética ha sido evidente. La mamoplastia, una de las operaciones más frecuentes, cuesta entre 1.000 y 3.500 dólares. Mujeres de todas las edades, pero sobre todo jóvenes, entre 17 y 35 años, generalmente de clase media, exhiben, con escotes pronunciados, vestimentas ceñidas al cuerpo y sostenes de realce, sus erguidos y duros senos de silicón, para todos los gustos. La presión cultural por encajar dentro de patrones estéticos que vienen del Norte, no perdona estratos sociales. Muchas venezolanas destinan recursos importantes a productos y tratamientos de belleza (20% del presupuesto, según estudio de 1999), realizando grandes sacrificios económicos para adquirirlos. El fenómeno merece atención y no debe ser tratado con ligereza. Venezuela produce más premios de belleza que otros países, incluyendo cinco Miss Mundo y cuatro Miss Universo en los últimos 50 años. Paralelamente, nuestra «democracia» ha visto crecer las brechas que nos separan del Primer Mundo, y la pobreza (80%), con esfuerzos infructuosos de inserción en la economía global. La exclusión de las gordas y las feas pone de relieve la situación de la mujer en la cultura occidental. En Venezuela, podría considerarse un fenómeno ridículo, frente a otros graves problemas existentes, sino fuera porque con él se revela, en cambio, con cuánto éxito nos hemos insertado en la globalización de formas de exclusión ajenas, con patrones estéticos y culturales que no nos corresponden, pero que nos dominan sutilmente. Es un tema de reflexión más, especialmente para las muchas mujeres de clase media que engruesan las marchas por «la libertad y la democracia», ciñendo orgullosas, sobre sus senos de silicón, apretadas franelas con el tricolor nacional. Marianela Lafuente Ingeniero y licenciado en filosofía, profesor de la Universidad Central de Venezuela, con doctorado en Insa, Francia.

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